domingo, 6 de septiembre de 2009

Luciérnagas en la noche (Recopilación de escritos de mi padre) "Días de sol"


Los días claros, Maruja se calentaba al sol; no la veía cuando los cielos aparecían cubiertos, apretados; cuando los latigazos del viento norteño traían nubes viajeras, anunciando las lágrimas de la lluvia; cuando La Coruña se vestía con un traje de luz triste y apagada.
Su vivienda estaba enfrente de la nuestra: casita de planta baja; con ventana sencilla, pintarrajeada; desde la mía observaba, con tristeza, el rostro descarnado y pálido de Maruja.
Me ha sido siempre imposible recordarla excitada por una simple chispa de alegría. Florecía dentro de ella un mal incurable. Pero todavía hoy, sabiendo que se ha ido, cierro los ojos, contemplo su imagen quebradiza, rodeada de una soledad concentrada donde ella estaba y se movía.
A mediodía: sentada en el primer peldaño de la puerta. Vestía de negro; adherido a su figura se enroscaba un gato, negro también, como una prolongación de su luto. La cabeza de Maruja caía vencida sobre sus pechos vacíos. El mamífero doméstico agradecía, igual que su ama, el beso de la luz mañanera; era un bicho despeluciado que ocultaba el hocico entre las patas. Llegado el momento del almuerzo se levantaba la enferma; y la seguía, olisqueando, el felino.
Regresaban más tarde y se evaporaban al disfrazarse el cielo azul con una capa sombría.
Maruja permanece, a mi lado, con duración sostenida: me quedaron de ella sus días de sol.

2 comentarios:

shat- dijo...

Emocionante, toca el corazon.
Un abrazo

Pepe Ventureira dijo...

Gracias Rosamari, por dedicar parte de tu tiempo a compartirlo...un abrazo